3-02...

Me gustás tanto cuando el sol brilla entre nosotros que, cuando no es así, mi pecho apelmazado tiene que luchar como si fuera nuestra última batalla tras la barrera de hielo que se interpone en nuestro camino. Pero, con el tiempo, aprendí que esa barrera se derrite con minutos, horas o días que la erosionan más despacio de lo que muchas veces querría. Y cada una de estas piezas de tiempo se me clavan como estacas, estacas del dolor de no poder tentarte con besos ni con una voz que te derrita. Porque juro que si estuvieras aquí, iba a destruir la pared de hielo a golpe limpio con tal de poder reconfortarme en tus abrazos, besos o en una de tus caricias. Y es así como, por las noches, al sentir que no estás al lado, todo el dolor se me acumula en el pecho hasta que me cuesta respirar y sólo quiero llorar hasta que aparezcas para consolarme.
Me gustaría saber cómo atenuar el dolor que me causa pensar que, esta vez, soy yo la que está deshaciendo el amor que tú sueles hacerme.