22-10 Hasta qué punto vale la pena seguir luchando?

El esfuerzo. Luchar contra todo y contra todos. Contra el que dirán. Pelear, ¿pero con que fin? Escuchamos siempre que todo tiene que terminar, pero nunca sentimos que vaya a acabar. Nunca pensamos que será de nosotros. Creemos en lo infinito. Queremos creer en ello. Pero las palabras a veces pesan más que las acciones. Las personas son diferentes a la imagen que nosotros tenemos de ellas. Las heridas no son tan fáciles de curar. No desaparecerán con una curita y un beso en la frente como lo hacía cuando eramos niños. Las heridas del corazón no son así de sencillas. No las solucionarán unas palabras, ni un beso, a veces ni siquiera una disculpa. Hay heridas que poco a poco te rompen por dentro, palabras que no son fáciles de olvidar. Momentos que te cambian. Las sonrisas no son las de entonces, ni las personas, ni siquiera los recuerdos son los mismos. Y a aquellas personas que un día se fueron, las echamos de menos, pasan por nuestra mente, trayendo consigo un sentimiento de melancolía que enfría el alma. A veces me paro a pensar en todo lo que he dejado a atrás para llegar a donde estoy hoy, y me planteo si valió la pena. Me pregunto que hubiese pasado si todo hubiese sido diferente. ¿Dónde estaría ahora?¿Con quién?... No lo sé, pero me gustaría estar lejos. Lejos de todo y de todos. En algún lugar dónde poder pensar, dónde poder respirar un aire menos contaminado de recuerdos. Me gustaría poder perderme, unos días, unas horas y buscar un refugio. Buscar un lugar donde alejarme del torbellino que son mi mente y mi corazón.