Vivir pensando. Pensar viviendo. La eterna planificación de cada acto. La desoladora idea de calcular cada movimiento, de abandonar el sano instinto que nos promete nuestros más grandes deseos. La imagen de la desesperación, la guerra de la coherencia con la ambición de avanzar. El concepto de actuar de acuerdo a intuiciones se sitúa en un punto inalcanzable, un punto sin retorno. La mente inundada de "peros", los ojos rotos frente a cada momento que no funciona de acuerdo a lo planificado. ¿Cómo levantarse? ¿Cómo asumir que esta vida es simplemente una secuencia de actos? Que aquel momento que te mantuvo en la gloria no fue más que un acto efímero en el escenario que te tocó pisar. Que la vida es una simple improvisación, pero que no admite pedir el tiempo para pensar.